Sargas de Pasión. El Monumento de Semana Santa de Alquézar
- T. Delàs
- hace 11 horas
- 6 Min. de lectura
Marzo 2026
En el corazón del Somontano, la villa de Alquézar esconde otro tesoro hasta hace muy poco apenas recordado por los alquezranos mayores y completamente desconocido para los más jóvenes.
El frágil y espectacular Monumento de Semana Santa.

Tras décadas de olvido y oscuridad, este ingenio del Barroco ha vuelto a alzarse, recordándonos una época donde la fe se explicaba a través del teatro y la perspectiva.
Un monumento de arte efímero
Los monumentos de Semana Santa fueron durante siglos una de las expresiones más singulares de la religiosidad popular en España. Se trataba de estructuras efímeras que se instalaban en una capilla distinta del altar mayor antes del Jueves Santo. Después de la misa de la Cena del Señor se trasladaba solemnemente la Eucaristía donde quedaba custodiada hasta el oficio del Viernes Santo y durante toda la noche se realizaban velatorios o la adoración por turnos. No era una simple decoración. Era una forma simbólica de acompañar a Cristo en las horas de su pasión y de recordar el tiempo que permaneció en el sepulcro. El monumento se desmontaba el Viernes Santo.

Con el paso de los siglos, estos monumentos se fueron convirtiendo en auténticas escenografías. Especialmente a partir del siglo XVI, tras el Concilio de Trento, las iglesias comenzaron a levantar grandes estructuras de madera y tela pintada que transformaban temporalmente el interior del templo. Columnas fingidas, telones, perspectivas teatrales y decenas de velas creaban un ambiente solemne y sobrecogedor

En Aragón, estos monumentos adquirieron una personalidad única. Frente a las estructuras de madera maciza, cortinajes, telas bordadas, figuras policromadas o de cera o incluso los pasos de las procesiones habituales en otras regiones, aquí triunfó el uso de las sargas, telas de lino o cáñamo sin preparación, pintadas directamente al temple, que permitían crear escenografías monumentales, fáciles de plegar y guardar, pero capaces de transformar una iglesia entera en un palacio celestial o en el Templo de Jerusalén.
El declive de un arte efímero
A partir de la década de 1960, tras el Concilio Vaticano II, la liturgia buscó una mayor sencillez y sobriedad. Muchos de estos aparatos barrocos fueron vistos como espectáculos visuales demasiado teatrales, alejados de la propia esencia de los oficios. El de Alquézar, como tantos otros, dejó de montarse en los años 70. Las piezas fueron almacenadas bajo el claustro de la Colegiata y, más tarde, en la iglesia de San Miguel, donde el polvo y el olvido casi ganan la batalla.
El redescubrimiento y la exposición de 2024
La suerte cambió en 2024. .
Durante la preparación de la exposición "Revistiendo la Semana Santa" en el Museo Diocesano de Huesca, nuestro inolvidable párroco José María Cabrero informó a la directora del Museo de la existencia en Alquézar de un monumento antiguo guardado desde hacía décadas. Lo que encontraron fue una joya del siglo XVIII.

Entre todas las piezas expuestas, el monumento de Alquézar fue el único que pudo mostrarse íntegro. Con sus más de ocho metros de altura ya desplegados en el espacio de la exposición, el impacto sobre los visitantes fue inmediato. El monumento alquezrano y el documental de 1914 del fotógrafo Ricardo Compairé fueron las piezas que más llamaron la atención de los visitantes.
El monumento completo con sus tres telones o sargas y la capilla eucarística en el fondo permitía comprender qué debió de sentir un fiel del siglo XVIII al entrar a la colegiata la noche del Jueves Santo.
La escenografía del monumento
Es una obra de barroco tardío del siglo XVIII. El conjunto mide más de ocho metros de altura.
Se trata de una gran estructura efímera pintada constituida por dieciocho sargas diferentes que se ensamblan formando tres bastidores en profundidad creando una especie de templo en perspectiva que conduce visualmente a la capilla del fondo donde se reserva la Eucaristía. Cuando está montado, funciona casi como un teatro visual de la Pasión de Cristo.
La altura de los telones va descendiendo de fuera a dentro con lo que se facilita la visión de las telas posteriores y se concentra la atención en la capilla.

El primer telón mide 7,8 metros de alto por 6 de ancho y el vano central tiene 2,70 metros de luz y 4 de alto. Simula un arco barroco con diferentes niveles, abajo en el exterior hay a cada lado unas garitas de guardia con sendos soldados embocados. En las columnas tenemos a la izquierda el rey David con el arpa y a la derecha Moisés con las tablas de la Ley. Más arriba encontramos la Fe a la izquierda y la Caridad a la derecha. Arriba en la parte central tenemos la representación del Ecce Homo en la casa de Pilates. Todo el conjunto está además decorado con querubines y angelitos.

El segundo telón mide 6 metros de alto por 5 de ancho y el arco tiene 2,34 metros
de luz y 3,7 de altura. También finge un arco con los soldados a ambos lados y en la cúpula las escenas de la Resurrección y la Oración en el Huerto. En el centro arriba tenemos parejas de querubines con el lienzo de la Verónica.

El tercer telón tiene una altura total de 5,10 metros y una anchura de 4,80 y el arco mide 1,80 metros de luz y 2,95 de altura. Análogamente están representados los soldados abajo, el Camino del Calvario y la Flagelación en la cúpula y los querubines con la columna de flagelación en la clave.

La capilla del fondo mide 2,20 metros de altura y 2,80 de anchura y contiene un altar donde se encuentra el arca eucarística donde se custodia la Eucaristía. El arca original del siglo XVII de plata y bronce dorado se encuentra en la Colegiata de Alquézar.

La capilla está enmarcada por cuatro sargas, en la parte superior vemos un pelícano dando de comer a sus hijos, en cada una de las laterales hay un ángel de rodillas y en la del fondo está representado Dios Padre rodeado de angelitos.
El misterio de las barbas. Naturaleza en la oscuridad
Una peculiaridad de los monumentos en Aragón son las llamadas barbas. Se trata de una tradición agrícola y devocional fascinante, semanas antes de la Pasión, se ponen a germinar semillas de trigo, cebada o legumbres en la más absoluta oscuridad.
Al crecer sin luz, las plantas no realizan la fotosíntesis y no adquieren su color verde, en su lugar, se estiran buscando claridad hasta convertirse en tallos larguísimos, finos y de un blanco fantasmal. Estas "barbas" de cereal se colocan a los pies del Monumento, creando un tapiz níveo que simboliza la vida que brota en el sepulcro. Es el contraste perfecto: la grandiosidad de la arquitectura barroca arriba y la humilde fuerza de la tierra germinando abajo.
No es solo tradición. Relevancia histórico-artística
El monumento de Alquezar es una pieza de gran relevancia
Es uno de los pocos ejemplos completos que se conservan de este tipo de conjuntos en toda la diócesis de Huesca.

Representa el barroco popular aragonés en su expresión más teatral, ligado a la tradición del Jueves Santo.
Su escala —más de 8 metros de altura— lo sitúa entre las piezas de mayor ambición decorativa de la comarca del Somontano.
Forma parte del fenómeno más amplio del arte efímero, que fue fundamental en la liturgia postridentina pero que raramente se ha conservado.
2025. Los vecinos de Alquézar devuelven el monumento a su pueblo
La historia del monumento tiene un capítulo reciente y emocionante.

En la Semana Santa de 2025, un grupo de vecinos de Alquézar tomó la iniciativa de volver a montarlo, esta vez en la iglesia de San Miguel Arcángel, el templo parroquial.

Fueron tres días de trabajo arduo muy meritorio ya que fue realizado por voluntarios no profesionales en este tipo de trabajos. La reconstrucción no fue solo colgar unos cuadros.
Fue un desafío de ingeniería, entre otras tareas hubo que adaptar los anclajes antiguos a la nueva ubicación en la iglesia de San Miguel, limpiar y reparar bastidores o reconstruirlos, levantar las tramoyas de considerable tamaño y tensar las sargas con mucha delicadeza ya que el lienzo antiguo es quebradizo.

Además se recuperó la iluminación tradicional con tecnología led para imitar el parpadeo de las velas que originalmente daba vida a las figuras pintadas.

Finalmente la villa volvió a ver su teatro de la fe montado después de medio siglo.
Un símbolo de identidad que ha vuelto a levantarse
Hoy, el Monumento de Alquézar no es solo una pieza de museo; es un símbolo de identidad recuperada.

Porque a veces el patrimonio no está solo en los grandes monumentos de piedra. A veces también se encuentra en estas arquitecturas efímeras que, gracias al esfuerzo de un pueblo, vuelven a levantarse.

Visitar el monumento es viajar al siglo XVIII, dejándose atrapar por esa perspectiva ilusionista que, entre incienso y cera, nos recuerda que el arte más hermoso es aquel que el pueblo se niega a olvidar.
Fotos del Archivo propio y de los vecinos de Alquezar




Bravo vecinos de Alquezar