La procesión del Santo Entierro
- T. Delàs
- 24 mar
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 5 may
Marzo 2025
En Alquézar, a las 21 horas del Viernes Santo, el sonido de los tambores y el paso de los romanos abren la procesión del Santo Entierro. Una comitiva de diferentes personajes, recreados por los vecinos de Alquézar, acompaña al Santo Sepulcro desde la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel hasta la Colegiata de Santa María la Mayor. Luego, descienden recorriendo las angostas calles del casco histórico de la villa medieval.

Un acontecimiento que se remonta al siglo XVI
Los orígenes de la Procesión del Santo Entierro de Alquézar se remontan al siglo XVI. En esa época, las representaciones de la Pasión adquirieron gran importancia en la España de la Contrarreforma. Algunos historiadores sugieren que sus raíces podrían ser incluso anteriores. Las primeras referencias documentadas aparecen en textos eclesiásticos del siglo XVII. En ellos, se menciona la existencia de cofradías dedicadas a organizar estos desfiles procesionales.
La Cofradía de la Sangre de Cristo, documentada desde 1623, ha sido la guardiana y mantenedora de esta tradición centenaria en Alquézar durante casi cuatro siglos. La hermandad se fundó con el propósito específico de organizar y preservar los ritos de la Semana Santa. Especialmente, la Procesión del Santo Entierro. A lo largo del tiempo, pertenecer a esta cofradía fue un honor para las familias de Alquézar. La responsabilidad de mantener viva esta manifestación de fe y cultura popular se transmitió de padres a hijos.

Esplendor, declive y resurgimiento
A lo largo de su historia, la procesión ha experimentado diversas transformaciones. Durante el siglo XVIII, alcanzó su máximo esplendor. Se incorporaron valiosos pasos tallados por artesanos locales. Sin embargo, la desamortización del siglo XIX y las guerras posteriores supusieron un duro golpe para este patrimonio. Se perdieron algunas tallas de gran valor.
En el siglo XX, tras un periodo de cierto declive, la procesión experimentó un notable resurgimiento. En la década de 1980, coincidiendo con el impulso turístico de Alquézar, se restauraron antiguos pasos. También se recuperaron elementos tradicionales que habían caído en desuso. Don José María Cabrero ha sido uno de los grandes impulsores de su revitalización y organización a lo largo de las últimas décadas.
En 2011, se fundó la Asociación Cultural de Alquézar. Su objetivo fue que no se perdieran las antiguas costumbres y tradiciones. Además, buscó hacer asequibles las nuevas tecnologías a todos los habitantes, tanto niños como mayores de la villa. Recogiendo el testigo de la Cofradía de la Sangre de Cristo, la Asociación, rebautizada posteriormente como Asociación Cultural San Nicostrato en 2016, ha sido y continúa siendo, año tras año, un pilar fundamental para la continuidad y mejora de la procesión.

La mayor parte de los alquezranos, sean residentes todo el año o no, participan en la comitiva. En muchos casos, los personajes que desfilan pasan de padres a hijos.
La procesión
La procesión la abre la escuadra romana. Se concentra en la plaza Rafael Ayerbe y baja en formación, marcando el paso con el sonido de los tambores. Su misión es escoltar desde la iglesia de San Miguel a las imágenes y participantes.
Las sagradas imágenes
Piezas claves en la procesión, todas ellas transportadas a hombros, son:
La Urna del Santo Sepulcro
Es el paso principal y más solemne, que contiene la imagen yacente de Cristo.
El Cristo crucificado
Una talla de madera de 1152, de estilo románico de transición al gótico. Habitualmente es venerado en la capilla de Lecina en la Colegiata de Alquézar. Como peculiaridad, en su momento se retocó, haciéndole los brazos articulados para que pasara mejor por las puertas de las iglesias. En 1988, fue restaurado por el Gobierno de Aragón, devolviéndole su estado original.

La Dolorosa
Extraordinariamente venerada por los alquezranos, la imagen de la Virgen María en su dolor cierra la procesión, acompañada por las tres Marías.
Los Cristos de la comarca
Mención especial reciben los Cristos de Radiquero, Colungo y Almazorre. Desde hace algunos años, participan también en la procesión, añadiendo magnificencia al recorrido.

Fue un motivo de gran alegría ver que el Cristo de Radiquero era transportado por los más jóvenes del pueblo. Ellos tomaban el relevo de los porteadores seniors de años anteriores, generando así esperanza y confianza en la continuidad.
Los personajes
Los alquezranos van ataviados con esmero, representando a diversos personajes no solo de la Pasión, sino también de la Biblia. Entre otros, podemos citar a Isaac, Moisés, Ruth, Judit, las Samaritanas vestidas de blanco, las Sibilas, las Hebreas, las Esclavas, Fe, Esperanza y Caridad, los 12 Apóstoles. Este papel, antaño reservado a miembros respetados de la comunidad, es ahora un honor para muchos.
Las Verónicas portan el lienzo representando la cara de Cristo. Las tres Marías, María Magdalena, María Salomé y María de Cleofás, acompañan a la Virgen en el Calvario, luciendo vestidos y mantillas negras. También está el Cirineo, quien porta la cruz a lo largo de todo el recorrido.

La escuadra romana
Parte de la vistosidad y teatralidad la aporta la escuadra romana o "los soldados". Ellos están vestidos con túnicas cortas de color rojo, corazas metálicas, cascos y capas. El centurión al frente de ellos porta el banderín. Van todos a una, marcando el paso y escoltando las imágenes principales. Representan a los soldados que custodiaron el cuerpo de Cristo.
Una parte de la escuadra porta tambores, bombos y cornetas, marcando el ritmo solemne durante toda la procesión. Entre ellos hay muchos niños y niñas que aseguran la continuidad de la banda. Ensayan durante todo el invierno para que los más jóvenes puedan aprender y garantizar la armonía durante todo el recorrido.
La participación en la escuadra romana ha sido tradicionalmente muy valorada en Alquézar. En muchas familias, los puestos se pasan de padres a hijos. Su presencia aporta solemnidad y espectacularidad visual a la procesión. Recrea el contexto histórico de la Pasión y simboliza la autoridad imperial que condenó a Cristo.

Ha sido una reivindicación importante de las jóvenes alquezranas el hecho de formar parte de "los romanos". Primeramente, se les permitió estar entre los tambores, siendo adiestradas por familiares ya mayores. Esto se justificó como un reemplazo de los mismos. Pero no fue hasta bien entrada la década de los años 10, en 2019, que cinco chicas pudieron participar como soldados. ¡Todo un logro! Un golpe más al techo de cristal.
El resto del pueblo y los visitantes siguen como acompañantes, rezando el Santo Rosario o cantando. Algunos portan grandes hachones que escoltan a las imágenes principales.
Una tradición que se mantiene

La procesión es emotiva e impresionante. Participar en ella es un gran y conmovedor acontecimiento. Portar en ocasiones los hachones, escuchar el sonido de los tambores, atravesar las estrechas calles medievales y subir las empinadas cuestas de la Colegiata es una experiencia única. La entrada y los actos que se celebran en ella son memorables. Luego, el descenso hasta regresar de nuevo a la iglesia de San Miguel, donde se venera al Cristo bajo el impresionante monumento de Semana Santa del siglo XVIII, cuya apasionante trayectoria está descrita en otro post. Sargas de Pasión

En definitiva, la dedicación de todo un pueblo consigue que se celebre año tras año un gran evento. No se realiza como un atractivo turístico para los visitantes, sino como una celebración para las propias gentes del lugar. Es la constatación de la devoción de los alquezranos y su empeño en mantener viva una tradición con más de 400 años de antigüedad.




Que grande ese abanderado romano. Enhorabuena por mantener tradiciones.
Preciosa descripción de una tradición ,que con el ánimo de todos los vecinos se mantiene y contada por por una vecina de descendencia catalana ,tenemos que querer más nuestras tradiciones y querer más nuestras tierra