La cabra montés vuelve a las montañas de Guara
- T. Delàs
- 3 jul
- 5 min de lectura
Julio 2026
Durante décadas, recorrer los cañones y las crestas de la Sierra de Guara significaba encontrarse con buitres y sarrios en las montañas más altas o jabalíes entre los bosques.

Hoy, sin embargo, otro habitante ha regresado para ocupar los riscos calizos que durante siglos parecían esperarlo, la cabra montés.
Quien camine con frecuencia por los senderos habrá experimentado esa sensación tan especial de descubrir, casi por sorpresa, la silueta de un macho sobre una cresta rocosa. Inmóvil, vigilante, parece formar parte de la propia montaña hasta que un ligero movimiento de la cabeza delata que se trata de un animal.

Hace apenas unas décadas ese encuentro era prácticamente imposible.
Un antiguo habitante del Prepirineo
La cabra montés (Capra pyrenaica) es una especie exclusivamente ibérica.
Mucho antes de que existieran los pueblos actuales del Somontano, estos animales ya recorrían los escarpes calizos del Prepirineo. Restos arqueológicos encontrados en diversos yacimientos indican que fue una presa habitual para los cazadores prehistóricos, lo que demuestra que habitaba estas montañas desde hace miles de años.

Sin embargo, con el paso de los siglos la presión cinegética aumentó considerablemente.
Durante la Edad Media y la Edad Moderna la caza era un privilegio reservado a la nobleza y la cabra montés era considerada una de las piezas más prestigiosas. A ello se sumó la ocupación humana de las montañas, el aprovechamiento intensivo de los pastos y la presencia constante de ganado doméstico.
Poco a poco fue desapareciendo de amplias zonas del norte peninsular.
Cuando comenzó el siglo XX ya había desaparecido prácticamente de Guara.
El inesperado regreso
La historia pudo haber terminado allí.
Sin embargo, la recuperación de la especie en otras montañas españolas cambió completamente el panorama.

Las poblaciones del Sistema Ibérico comenzaron a crecer durante las últimas décadas del siglo XX gracias a una mejor protección, al abandono de muchas actividades tradicionales y a la extraordinaria capacidad colonizadora de la especie. A partir de la población de los Puertos de Beceite, una de las más antiguas y estables de la Península, la especie lleva décadas colonizando nuevos territorios. Ha ocupado casi toda la provincia de Teruel y ha ido avanzando hacia el norte a través de las sierras zaragozanas
Los ejemplares jóvenes, especialmente los machos, recorren decenas de kilómetros buscando nuevos territorios.
Así comenzaron a aparecer los primeros individuos en las sierras prepirenaicas.
Lo que inicialmente parecían observaciones aisladas ha acabado convirtiéndose en una colonización estable.
Hoy la cabra montés vuelve a formar parte del paisaje de la Sierra de Guara.
Biología, el animal más adaptado a la roca
La cabra montés es, junto al sarrio pirenaico, el ungulado mejor adaptado a los terrenos verticales de la montaña ibérica. Su equilibrio resulta casi increíble.

Presentan un fuerte diformismo sexual. Los machos pueden llegar a los 148 cm de largo y tener una altura de 77 cm en la cruz, alcanzando un peso máximo de 120 kg. Sus cuernos curvados hacia atrás son notablemente gruesos y en los ejemplares viejos pueden superar el metro de longitud. Tienen la cara alargada y la típica barba de chivo oscura bajo la mandíbula. Ostentan manchas negras en pecho y abdomen que se vuelven más intensas con la edad.
Las hembras miden unos 120 cm de largo y 60 cm de altura en la cruz, pesando entre 30 y 45 kg. y tiene cuernos bastante cortos.

Ambos sexos tienen aspecto robusto, patas más bien cortas, cola roma y cuello musculoso.
Sus pezuñas son una obra de ingeniería evolutiva, articuladas y con almohadillas elásticas en la base que funcionan como ventosas, le permiten escalar paredes que parecerían imposibles para cualquier otro mamífero de su tamaño. No es raro observarlas cruzando paredes aparentemente verticales con una tranquilidad absoluta.
Pueden vivir entre 14 y 15 años.
Alimentación

Herbívoro rumiante suele comer desde el atardecer hasta bien entrada la noche, sobre todo en verano.
Su dieta es muy variada. Consumen gramínea, brotes, hojas, arbustos, plantas aromáticas, bellotas cuando las encuentran e incluso líquenes en épocas desfavorables.
Esta capacidad de adaptación explica parte de su éxito colonizador.
Normalmente no necesita beber, pero a veces se acerca a riachuelos o fuentes.
La vida en familia
La cabra montés es gregaria, pero con una peculiaridad que llama la atención, machos y hembras viven separados la mayor parte del año.

Las hembras forman grupos familiares, a menudo dirigidos por una hembra veterana, y prefieren las cotas medias y bajas de la sierra, zonas de matorral y roca donde criar resulta más seguro.
Los machos, más solitarios o agrupados en pequeñas piñas de subadultos y adultos, frecuentan las zonas más altas y expuestas.
Esta separación solo se rompe con el celo, entre noviembre y enero. Entonces los machos descienden a buscar a las hembras y la sierra vive uno de sus espectáculos más intensos, los enfrentamientos entre rivales.

A diferencia de la berrea del ciervo, el celo de la cabra montés se anuncia por el estrépito seco y repetido de las cornamentas chocando. Lejos de ser peleas descontroladas, siguen un ritual perfectamente establecido. Los rivales se observan, retroceden varios metros se alzan sobre las patas traseras, se dejan caer con toda la fuerza y chocan violentamente sus cuernas. El estruendo puede escucharse desde bastante distancia.
Normalmente basta con unos pocos enfrentamientos para que uno de los dos abandone.
El ganador conquista un pequeño harén de hembras al que fecunda antes de separarse de nuevo.
El nacimiento de los cabritos
Tras cinco meses de gestación, los partos se producen entre abril y julio, coincidiendo con la estación de mayor abundancia vegetal en la sierra. Las hembras se retiran solas para parir en lugares resguardados y regresan al rebaño unos días después con la cría.

Lo habitual es un único cabrito. Las crías son extraordinariamente precoces, en pocas horas ya siguen a su madre por terrenos escarpados. La lactancia dura entre cinco y seis meses, y cuando el joven macho alcanza la madurez y se independiza, se une a los grupos de su sexo, mientras las hembras jóvenes tienden a quedarse cerca de la madre.
Habitat. Donde la roca domina el paisaje
En Guara la montaña sigue siendo, ante todo, su hogar.
Las paredes calizas de la sierra ofrecen exactamente lo que necesitan: cortados verticales, crestas, pedreras, laderas muy escarpadas y zonas tranquilas con abundantes refugios.

Por ello suelen verse en sectores como las inmediaciones del Tozal de Guara, los cañones del Mascún, Vero, Alcanadre y Balced, los mallos de Rodellar, los cortados sobre el embalse de Vadiello y la zona del Calcón.
No obstante, su expansión continúa y cada año aparecen citas de avistamientos en lugares nuevos.
Una historia de retorno
La historia de la cabra montés en Guara es la historia de un regreso. La cabra montés ibérica está volviendo. No por decreto ni por un proyecto de reintroducción diseñado desde un despacho, sino pata a pata, cortado a cortado, desde los Puertos de Beceite hacia el norte.

Hoy en día es un símbolo vivo del Parque Natural, un animal que acompaña al caminante, sorprende al visitante y forma parte de la identidad natural de Guara.
Su retorno es el tipo de historia que merece ser contada y atendida, la de una especie que, dadas mínimas condiciones, demuestra que la naturaleza tiene una voluntad de permanencia más tenaz de lo que a veces creemos.

Si visitas la comarca y te adentras en los cañones al amanecer, mantén los ojos en los cortados. Es probable que alguien te devuelva la mirada desde lo alto de la roca, con una calma que solo da el saber que el terreno más difícil es el propio.







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