El abejaruco, el arcoíris alado de la Sierra de Guara
- T. Delàs
- 24 abr
- 6 Min. de lectura
Actualizado: hace 2 días
Abril 2026
Pocas aves despiertan tanta fascinación como el abejaruco europeo (Merops apiaster). Su sola presencia transforma los cielos de la Sierra de Guara en un escenario casi tropical. Destellos de azul, verde y ocre se cruzan en vuelos acrobáticos mientras resuena su característico prruup rodado.
Para quienes vivimos o visitamos el Somontano, el regreso anual del abejaruco marca el inicio de un ciclo. Es el anuncio de la primavera avanzada, del calor que se aproxima y del renacer de la vida en los barrancos.
Una explosión de color en vuelo
El abejaruco es un ave de tamaño medio, de unos 25-30 centímetros de longitud. Su cuerpo es estilizado y elegante. Su dorso presenta una mezcla irrepetible de castaño rojizo y amarillo dorado. La garganta luce un llamativo amarillo brillante enmarcado por una fina banda negra. El pecho y el vientre son de un intenso azul turquesa que se va tornando verdoso hacia la cola.
La cabeza es de un casquete marrón con una franja ocular negra que recorre el ojo a modo de antifaz. Su silueta es inconfundible: alas puntiagudas, cola en forma de horquilla y las dos rectrices centrales prolongadas en finas puntas que sobresalen varios centímetros. El pico, largo y ligeramente curvado hacia abajo, es el instrumento perfecto para capturar insectos al vuelo con una precisión milimétrica.
Pero si su aspecto es llamativo, su vuelo no se queda atrás.
Un vuelo ágil y elegante
El abejaruco es un auténtico acróbata del aire. Es un cazador aéreo especializado en insectos voladores, lo que exige una maniobrabilidad extraordinaria. Realiza giros bruscos, ascensos rápidos y descensos en picado. Puede detenerse brevemente en el aire, como un pequeño halcón, y captura a sus presas con un chasquido seco del pico, casi siempre en pleno vuelo. Su silueta, alargada y ligeramente arqueada, resulta muy característica cuando se desplaza en grupo.
Un comportamiento social y expresivo
Es un ave muy sociable. Rara vez se le observa en solitario; lo habitual es verlo en pequeños grupos o en colonias más numerosas, especialmente durante la época de cría. Su comunicación es constante. Emite un sonido suave, aflautado y repetitivo que suele escucharse antes de detectar su presencia visual. Este reclamo sirve para mantener el contacto entre los miembros del grupo.
Además, es una especie muy activa durante el día. Dedica gran parte de su tiempo a cazar, acicalarse y relacionarse con otros individuos. Es frecuente observar interacciones sociales como persecuciones, intercambios de alimento o simples vuelos coordinados.
Alimentación, más allá de las abejas
La dieta del abejaruco está basada casi exclusivamente en insectos voladores. Entre sus presas favoritas se encuentran abejas, avispas, libélulas y escarabajos. Esta especialización le ha dado su nombre, aunque su alimentación es más variada de lo que parece. Una de sus conductas más curiosas es la forma en que maneja a las abejas y avispas. Antes de ingerirlas, las golpea repetidamente contra una rama para eliminar el aguijón y el veneno. Este comportamiento demuestra una notable adaptación y aprendizaje. Puede capturar decenas de insectos al día, lo que lo convierte en un excelente controlador natural de poblaciones de insectos.
Vida en pareja y nidificación: arquitectos del suelo
El abejaruco es monógamo durante la temporada reproductora. Durante la primavera, tras su regreso de África, comienza la formación de parejas.
El cortejo es delicado y llamativo. Uno de los comportamientos más característicos es la “ofrenda de alimento”. El macho presenta a la hembra capturas de insectos especialmente grandes o vistosas, un auténtico regalo nupcial que sirve para demostrar su aptitud como proveedor. La pareja se muestra muy afectuosa, acicalándose mutuamente y emitiendo suaves vocalizaciones.
Este periodo está marcado por una intensa actividad: elección del lugar de nidificación, excavación del nido y defensa del territorio frente a otros individuos.
El túnel del amor
Tiene una forma de nidificar muy particular.
Utilizando su pico y sus patas, la pareja trabaja conjuntamente para excavar galerías en taludes arenosos o arcillosos. A menudo, lo hacen en cortados naturales, ribazos o incluso en márgenes de caminos. Estas galerías pueden alcanzar entre uno y dos metros de longitud y terminan en una pequeña cámara donde se depositan los huevos.
La nidificación es colonial, lo que significa que varias parejas construyen sus nidos en el mismo talud. Esto crea auténticas “colonias de abejarucos”, muy llamativas tanto visual como acústicamente.
La hembra suele poner entre 4 y 7 huevos blancos y redondeados, que son incubados por ambos progenitores durante unas tres semanas.
Los pollos nacen ciegos y sin plumas, pero crecen rápidamente alimentados por los adultos y los posibles ayudantes. Un rasgo social fascinante es la existencia de “ayudantes en el nido”. Estos son individuos, a menudo crías del año anterior, que colaboran con la pareja reproductora en la incubación y el cebado de los pollos. Esto aumenta notablemente la tasa de supervivencia de la nidada.
Los jóvenes abandonan el nido al cabo de cuatro semanas, aunque siguen dependiendo de sus progenitores durante un tiempo antes de iniciar el largo viaje al sur.
Un viajero entre continentes
Es un ave migratoria. Pasa el invierno en África subsahariana y regresa a Europa en primavera para reproducirse. En la península ibérica, su llegada suele producirse entre abril y mayo.
A finales del verano, entre agosto y septiembre, inicia su viaje de regreso al sur. Este ciclo migratorio está estrictamente ligado a la disponibilidad de insectos. Cuando el frío empieza a asomar en Europa y la actividad de las abejas decae, el abejaruco sabe que es hora de volver al sur.
La migración puede abarcar más de 5.000 kilómetros y requiere una gran resistencia. Se agrupan en bandos que vuelan juntos, aprovechando corrientes de aire y zonas ricas en alimento para hacer paradas. Esto ofrece un espectáculo visual y sonoro memorable. Muchos individuos retornan año tras año a los mismos lugares de cría, lo que evidencia una notable fidelidad al territorio natal. En Guara, los pasos migratorios son especialmente visibles en los valles del Vero y el Cinca.
El abejaruco en la Sierra de Guara
La Sierra de Guara es un santuario para el abejaruco. Aunque la zona es famosa mundialmente por sus rapaces, como el quebrantahuesos descrito en otro post, buitres y águilas, el abejaruco encuentra aquí un hábitat idóneo.
Es un lugar privilegiado para observarlo. Sus paisajes abiertos, con barrancos, campos de cultivo y taludes naturales, ofrecen el hábitat ideal para esta especie. Cerca de nuestros Apartamentos Rurales Rad Icarium, en zonas cercanas a Alquézar y en distintos puntos del Somontano, es frecuente encontrar colonias activas durante la primavera y el verano. Los cortados de tierra y las orillas de algunos caminos son lugares especialmente propicios para su nidificación.
Además, la abundancia de insectos en la zona proporciona una fuente de alimento constante, lo que favorece su presencia año tras año. En el Somontano, es habitual observarlos en los alrededores de Alquézar, especialmente en los barrancos laterales del Vero, las riberas del Alcanadre y el Cinca, zonas de cultivo entre Radiquero, Adahuesca y Bierge, así como en antiguas graveras y taludes de caminos rurales.
Donde, cuando y como
Barranco del Vero (Alquézar – San Pelegrín)
Una de las zonas más fiables. Puntos concretos: los taludes entre Alquézar y San Pelegrín.
Verás vuelos constantes sobre los campos abiertos, posaderos en cables y arbustos secos. El mejor momento es por la mañana temprano, cuando cazan sobre los bancales.
Riberas del Alcanadre (Bierge – Morrano – Pedruel)
El Alcanadre ofrece taludes naturales perfectos para colonias. Puntos concretos: tramo entre Bierge y Morrano; zona de Pedruel hacia el puente.
Verás grupos familiares, vuelos rasantes sobre el río y actividad intensa en junio. El mejor momento es por la tarde, cuando vuelven a los posaderos.
Radiquero – Adahuesca – Viñedos del Somontano
Paisaje agrícola con abundancia de insectos. Puntos concretos: caminos rurales entre Radiquero y Adahuesca, especialmente cerca de taludes de yeso.
Verás abejarucos posados en cables, cazando sobre viñedos y almendreras. El mejor momento es por la mañana y última hora del día.
Graveras y taludes artificiales (Barbastro – Cregenzán – Castillazuelo)
Las antiguas graveras son auténticos hoteles para abejarucos.
Verás colonias activas, vuelos de entrada y salida del túnel. Observarlos siempre desde distancia para no molestar la nidificación. El mejor momento es en junio, cuando alimentan pollos.
Llanos de Sevil y alrededores de la carretera a Colungo
Zonas abiertas con posaderos naturales.
Verás vuelos amplios, grupos pequeños y buena luz para fotografía. El mejor momento es por la tarde, con luz lateral.
Un valor natural de Guara
El abejaruco no solo es una de las aves más bellas de nuestro entorno, sino también una de las más fascinantes por su comportamiento y su ciclo vital. Es el recordatorio viviente de que la naturaleza no escatima en belleza. En la Sierra de Guara, su presencia añade una nota de color y exotismo a un paisaje ya de por sí impresionante.
Observar abejarucos es una experiencia que conecta directamente con la esencia del paisaje: naturaleza viva, diversidad y tranquilidad. En Guara, su presencia es un regalo. Cada colonia, cada vuelo acrobático y cada reclamo rodado nos recuerda la riqueza de este territorio y la importancia de conservar sus paisajes abiertos, sus taludes y sus ríos vivos.




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