Santa Águeda, cuando la fuerza de las mujeres enciende el invierno
- T. Delàs
- 6 feb
- 6 Min. de lectura
Febrero 2026
Cada 5 de febrero, el calendario se tiñe de una fuerza especial.

Santa Águeda de Catania es una de las figuras más queridas y fascinantes del santoral cristiano, especialmente en España e Italia. Es el símbolo de la resistencia femenina, una mezcla de devoción religiosa y una de las fiestas más divertidas y empoderadas del folclore español.
Una historia de valentía

Águeda nació el año 235 en Catania, Sicilia. Según la tradición, era una joven cristiana de noble familia y gran belleza que consagró su vida a Dios. Durante las persecuciones del emperador romano Decio, Águeda se negó a renunciar a su fe y a aceptar las propuestas del gobernador Quinciano.
En represalia, fue sometida a torturas terribles, siendo la más conocida la amputación de sus pechos. Se dice que tuvo una visión de San Pedro en su celda que la curó milagrosamente, pero finalmente murió martirizada el 5 de febrero de 251.
Su firmeza la convirtió en un icono de valentía que ha atravesado los siglos. Un símbolo de resistencia, de dignidad, de esa fuerza silenciosa que tantas veces han tenido que sacar las mujeres para sostenerse a sí mismas y a los demás. Por eso, cada 5 de febrero, su nombre no es solo un recuerdo, es un acto de afirmación.
El velo que detiene el fuego
Una de las historias más conocidas cuenta que, un año después de su muerte, el volcán Etna entró en erupción y la lava amenazaba con arrasar Catania.

Los habitantes sacaron el velo de Santa Águeda en procesión y, según la tradición, la lava se detuvo milagrosamente antes de alcanzar las murallas. Desde entonces es patrona de Catania y de toda Sicilia y de los alrededores del volcán e invocada para prevenir los daños del fuego, rayos y volcanes.
Patronazgo sobre las mujeres
Santa Águeda simboliza la fortaleza femenina y se la considera protectora de las mujeres y ejerce patronazgo sobre las enfermeras, las nodrizas y de quienes padecen enfermedades mamarias. Es también una figura de referencia para la fertilidad y la salud femenina.

También se la invoca contra incendios y erupciones volcánicas, especialmente en su tierra natal, a los pies del Etna, enfermedades del ganado y malos espíritus. En la tradición vasca, además, se le atribuye la capacidad de curar cefaleas y migrañas.
El significado simbólico de sus rituales
Las celebraciones en honor a Santa Águeda suelen incluir elementos que remiten a su historia y a la fuerza femenina,
En muchos lugares ese día “mandan las mujeres”. Se invierte el orden social tradicional y las mujeres ocupan cargos simbólicos, organizan la fiesta y toman decisiones.
En zonas del norte peninsular se cantan coplas pidiendo protección, fertilidad y buena cosecha. Golpear el suelo con palos o makilas simboliza “despertar la tierra”.

Se elaboran dulces con formas simbólicas, en Sicilia los famosos minni di Sant’Agata, y en Aragón y otras zonas de España aparecen las llamadas tetillas o teticas. Más allá de lo anecdótico, estos dulces transforman un episodio doloroso en un gesto colectivo de memoria, protección y vida.
Se encienden hogueras, velas y luminarias que representan la protección de la santa frente a incendios y desgracias.
En conjunto, la fiesta mezcla devoción, reivindicación femenina y ritos de renovación ligados al ciclo agrícola.
El Somontano. Donde la fiesta se hace cercana

La tradición cuenta que los soldados aragoneses que participaron en las batallas libradas en Sicilia se trajeron de aquellas tierras la imagen de la santa. Esto tiene sentido histórico, ya que Sicilia estuvo durante largo tiempo bajo el dominio de la Corona de Aragón. Esta conexión explica por qué tantos pueblos aragoneses celebran sus fiestas patronales en honor a Santa Águeda.
En el Somontano, la festividad de Santa Águeda sigue muy viva manteniendo vivas tradiciones centenarias especialmente en pueblos pequeños donde conserva su carácter vecinal y comunitario. Sirve para estrechar lazos entre generaciones
La celebración suele incluir toque y volteo de campanas por parte de las mujeres, Misa solemne en honor a la santa, comida popular exclusiva de hermandad femenina y baile hasta el final de la jornada.

Lamentablemente en Radiquero se está perdiendo una tradición encantadora, los hombres preparaban la cena para todo el pueblo. La organización empezaba con un almuerzo copioso de los hombres en Barbastro, para prepararse para el esfuerzo y decidir el menú, actividad que para ellos representaba el punto fuerte de la jornada. Luego iban todos juntos a comprar los ingredientes necesarios. Ya de vuelta cocinaban y por la noche se celebraba una cena para todos los vecinos. También solían hace un pequeño obsequio a las mujeres. Resultaba una celebración vecinal muy agradable. Esperemos que en años venideros se vuelva a realizar y no caiga en el olvido.
Celebraciones peculiares en torno a Santa Águeda.
El toque de campanas
El toque y volteo de campanas era tradicionalmente una actividad reservada a los hombres. Se creía popularmente que el toque de campanas el día de Santa Águeda preservaba de incendios a los pueblos y de las tormentas de verano, que podían arruinar las cosechas y además preservaba de maleficios. Se pretendía ahuyentar a las brujas, que tenían por costumbre pulular por los pueblos

Pero lo importante era que este era el único día del año en que las mujeres podían acceder al campanario y tocar y voltear las campanas, acto reservado el resto del año a los hombres.
Diversos mandatos episcopales y de los visitadores eclesiásticos se empeñaron, en vano, en terminar con esa tradición inmemorial, amenazando con penas de excomunión. ¡Pero las mujeres siguieron haciéndolo!
Hoy en día el toque y volteo de campanas por parte de las mujeres sigue siendo una de las actividades habituales durante la celebración de Santa Águeda.
Es fascinante cómo esta tradición combina elementos precristianos, protección de cosechas, ahuyentar brujas, con la devoción a la santa y la reivindicación femenina de ocupar espacios reservados a los hombres.
Las Alcaldesas de Zamarramala
Sin duda, la celebración más singular de Santa Águeda en España tiene lugar en Zamarramala, un barrio incorporado de Segovia. Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional en 1976, es conocida popularmente como la fiesta donde mandan las mujeres.
En Zamarramala pervive una asombrosa leyenda que vincula a las mujeres del pueblo con la reconquista del Alcázar de Segovia. Según la tradición, hallándose la fortaleza bajo dominio musulmán, en la víspera de Santa Águeda del año 1227, las mujeres casadas decidieron vestirse con sus mejores galas y acercarse al castillo. Los moros, embelesados por la belleza de las zamarriegas, abandonaron sus puestos de guardia para contemplarlas.

Las mujeres entonaron entonces una copla para avisar a los mozos, que esperaban encaramados en los muros, de que ya podían entrar a reconquistar el Alcázar. Así, gracias a la astucia femenina, el Alcázar volvió a manos cristianas. Aunque cronológicamente las fechas no coinciden con el reinado de Alfonso VI, la leyenda pervive y ha dado lugar al privilegio de que las mujeres de Zamarramala elijan cada año a dos alcaldesas que gobiernan el pueblo durante dos días.
La celebración se extiende desde el jueves hasta el martes con un programa elaborado en el que se eligen a las alcaldesas y a las alcadelesiñas, tiene lugar la procesión con la imagen de Santa Águeda, juego de banderas y escolta de alabardas, supuestamente arrebatadas a los sarracenos, baile de jotas, otorgación de galardones, quema de un pelele que simboliza los problemas y todo lo malo del año, luego torta, comida y baile hasta la noche.
El ritual de despertar a la tierra en Euskadi
En Euskadi, la celebración adquiere características únicas. El 4 de febrero, víspera de la festividad, coros y cuadrillas recorren las calles cantando coplas en honor a la santa y golpeando rítmicamente el suelo con las makilas , bastones tradicionales vascos de madera. Estos golpes servirían para despertar a la tierra tras el solsticio de invierno y propiciar la llegada de la primavera y las buenas cosechas.

Existe la creencia de que el ritual tiene un origen precristiano ligado a la mitología vasca que posteriormente se habría fusionado con la celebración cristiana.
Una tradición que sigue viva
Santa Águeda ha sobrevivido a los siglos porque ha sabido adaptarse. Es un momento de reivindicación femenina, de hermandad entre mujeres, de inversión de roles tradicionales y de conexión con nuestras raíces históricas, un símbolo de resiliencia femenina frente a la adversidad. Santa Águeda nos recuerda que, incluso en los tiempos más oscuros, la dignidad y la unión de las mujeres pueden cambiar las reglas del juego.

Estas tradiciones nos recuerdan quiénes somos, de dónde venimos y qué valores queremos transmitir a las generaciones futuras. Santa Águeda nos conecta con la valentía de una joven del siglo III que defendió sus convicciones, y con la astucia y fortaleza de innumerables mujeres a lo largo de los siglos. Un día para salir a la calle, encender la luz del invierno y celebrar, juntas, la fuerza de lo colectivo.
Que cada 5 de febrero sigamos celebrando a Santa Águeda con el mismo entusiasmo, respeto y alegría que nuestras antepasadas. Porque mantener viva la tradición es también honrar nuestra identidad y nuestra historia.




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