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Del vino romano a la D.O. Somontano, una historia de raíces y revolución enológica

Actualizado: hace 3 días

Julio 2025

Desde las primeras huellas de la viticultura hasta las bodegas que hoy han convertido el Somontano en una de las grandes tierras de vino a nivel internacional.


Raíces antiguas: el vino en la Antigüedad y la Edad Media

El cultivo de la vid en el Somontano hunde sus raíces en más de dos mil años de historia. En época romana, las villas rústicas de Barbastro, Alquézar y su entorno ya mostraban lagares y estructuras agrícolas que revelan que la vid formaba parte del paisaje desde muy temprano. Aunque la producción era local y dispersa, los romanos introdujeron técnicas y ordenaron el cultivo, sentando las bases de una tradición que nunca se ha perdido.

Anfora de vino romana con la imagen de un banquete

Con la llegada de la Edad Media, la vid encontró refugio en monasterios y señoríos. Las órdenes religiosas perfeccionaron métodos de cultivo y elaboración, conservaron variedades y mantuvieron vivo un saber que, sin ellas, quizá habría desaparecido. La nobleza aragonesa también contribuyó a consolidar una viticultura que empezaba a tener identidad propia.

Monjes en un monasterio cargando toneles de vino

Siglos de vino campesino: tradición arraigada

A partir del siglo XVI, la casa somontanesa ya incluía su propio lagar y su pequeña bodega. El vino era parte de la vida cotidiana, un producto humilde, elaborado en familia, compartido en garrafas y vendido a granel. La viticultura era una actividad de subsistencia, siempre en equilibrio con el cereal, el olivo y el almendro.

vendimia manual tradicional

Las variedades autóctonas —Moristel, Parraleta— daban carácter a unos vinos sencillos, nacidos del esfuerzo y del paisaje. La vendimia era un rito colectivo, y la elaboración, rudimentaria. La falta de infraestructuras, las enfermedades de la vid y la escasa profesionalización impidieron durante siglos un desarrollo a gran escala.

La llegada de los Lalanne: modernización desde Francia

A finales del siglo XIX, un acontecimiento cambió el rumbo del vino en el Somontano: la llegada de la familia Lalanne. Bodegueros procedentes de Burdeos y afectados por la filoxera, se instalaron en Barbastro en 1894 con conocimientos técnicos, cepas de calidad y una mentalidad empresarial inédita en la comarca.

Torre del Americano

 la torre del americano donde los Lalanne establecieron su bodega en el Somontano

Fundaron una bodega moderna en la Finca San Marcos, que a partir de entonces comenzó a llamarse ``Torre del Americano``, en honor a la procedencia de los famosos pies o portainjertos que Lalanne trajo de ese continente para evitar la filoxera. 

Implantaron métodos bordeleses de vinificación y crianza, apostaron por variedades como Cabernet Sauvignon y Merlot y concibieron el vino del Somontano como un producto con vocación comercial. Sus vinos obtuvieron premios internacionales y marcaron el primer paso hacia una viticultura moderna.

Su contribución trascendió lo puramente técnico. Su compromiso con la excelencia y su visión comercial ayudaron a crear una cultura vitivinícola que valoraba tanto la tradición como la innovación.

La Cooperativa Comarcal del Somontano: Impulso colectivo

En 1964 nació la Cooperativa Comarcal del Somontano, un hito decisivo para la supervivencia del viñedo. Integrada por decenas de viticultores, ofreció una estructura sólida para la recogida, vinificación y comercialización del vino en un momento en que el éxodo rural y la mecanización amenazaban el cultivo.

Uva acabada de recolectar

Aunque su producción se orientaba al vino de mesa, la cooperativa apostó por la mejora varietal y la tecnificación. Su papel fue esencial para mantener vivo el viñedo y preparar el terreno para la transformación que llegaría décadas después.

El Nacimiento de la DO Somontano

La creación de la Denominación de Origen Somontano en 1984 marcó un antes y un después. Por primera vez, el territorio definía su identidad vinícola con criterios claros: delimitación de la zona, variedades autorizadas y controles de calidad que garantizaban la excelencia.

Uno de los aspectos más innovadores fue la apertura a variedades internacionales —Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir— que convivían con las tradicionales aragonesas como Tempranillo, Garnacha, Macabeo y las autóctonas Moristel, Parraleta y Alcañón.

DO, Denominación de Origen Somontano fundada en 1984

La cooperativa tuvo un papel simbólico al ceder el nombre “Somontano” como marca paraguas, fortaleciendo la identidad colectiva.  A cambio, obtuvo modernización del proceso productivo y profesionalización del marketing, facilitada por apoyos públicos y alianzas estratégicas.

De este proceso nació y creció Bodega Pirineos, heredera del espíritu cooperativista e inseparable de la historia de la DO Somontano.

La Explosión de las "Nuevas Bodegas": Enate y Viñas del Vero

Tras la creación de la DO, el Somontano vivió una auténtica revolución. Los años 80 y 90 vieron la llegada de importantes inversiones y la instalación de bodegas que cambiarían para siempre el perfil del vino en la comarca. Atrás quedaban las pequeñas elaboraciones tradicionales para dar paso a un modelo de negocio más ambicioso y moderno. Dos de los nombres más emblemáticos de esta primera ola de "nuevas bodegas" fueron Viñas del Vero y Enate.

Viñas del Vero

Fundada en 1986, fue pionera en la adopción de un enfoque contemporáneo. Apostó por variedades internacionales, como Chardonnay, Merlot o Cabernet Sauvignon que, combinadas con las autóctonas, ofrecían vinos con un perfil diferente y atractivo para los mercados. Sus modernas instalaciones y su visión de negocio orientada a la exportación la convirtieron rápidamente en un referente.

Enate

Bodegas Enate y viñedos en Salas Altas, Guara-Somontano

Poco después, en 1991, nació Enate, que se establecería como una de las bodegas más icónicas y vanguardistas de Somontano. No solo destacó por la calidad de sus vinos y su apuesta por las variedades foráneas, sino también por su innovadora integración del arte contemporáneo en su filosofía de marca. Cada botella lleva en su etiqueta una obra de arte original, lo que le confirió una identidad única y un enorme reconocimiento mediático. Sus instalaciones fueron diseñadas con una clara visión estética y funcional, convirtiéndose en un modelo de arquitectura bodeguera.

Bodega Pirineos

Barricas de vino en las bodegas de la antigua cooperativa, actualmente Bodega Pirineos

Estas bodegas, junto con la antigua cooperativa, Bodega Pirineos, que se había transformado y modernizado, abanderaron el nuevo Somontano. Sus vinos, frescos, afrutados y con un estilo moderno, conquistaron rápidamente el paladar de los consumidores y situaron los vinos de Somontano en el mapa de las grandes regiones vinícolas españolas.

Expansión y Consolidación (1990-2010)

Las décadas de 1990 y 2000 fueron testigo de una expansión extraordinaria de la DO Somontano. El éxito de las bodegas pioneras atrajo nuevas inversiones, tanto nacionales como internacionales, que vieron en la denominación un territorio con potencial excepcional para producir vinos de calidad mundial.

Vendimia mecanizada con maquinaria moderna

Durante este período se establecieron bodegas como Blecua, Laus, Olvena, Alodia, Sommos y muchos pequeños productores con filosofía de vino de autor,  que diversificaron la oferta enológica de la zona. Cada una aportó su visión particular, creando un mosaico de estilos y filosofías que enriquecieron el panorama vitivinícola del Somontano.

La DO experimentó un crecimiento sostenido en superficie cultivada, pasando de poco más de 1.000 hectáreas en sus inicios a más de 4.000 hectáreas en su momento de máxima expansión. Este crecimiento se acompañó de importantes inversiones en tecnología, infraestructura y marketing, posicionando al Somontano como una de las denominaciones españolas más dinámicas e innovadoras.

La crisis del sector y el ajuste del modelo

Como muchas otras regiones vitivinícolas, el Somontano también sufrió el impacto de la crisis económica de 2008 y del cambio en los hábitos de consumo. La caída de las exportaciones, el descenso de la demanda de vinos de gama media y el exceso de producción provocaron una reestructuración profunda del sector.

Durante estos años difíciles, algunas bodegas cerraron, otras redujeron significativamente su producción, otras tuvieron que reinventarse con propuestas más especializadas y muchas se vieron obligadas a buscar nuevos socios o compradores.

Viñedos en el Somontano

Viñas del Vero fue absorbida por González Byass, integrándose en un conglomerado con mayor capacidad de distribución. Enate mantuvo su independencia, pero tuvo que reestructurar parte de su modelo comercial. El grupo Barbadillo adquirió el 76% de Bodegas Pirineos, manteniéndose el 24% restante en manos de los miembros de la antigua cooperativa.

El territorio demostró una vez más su capacidad de adaptación.

Los vinos del Somontano, historia de equilibrio y adaptación

Hoy en día, los vinos del Somontano se encuentra en una fase de consolidación madura. Con más de 35 años de historia como denominación de origen, ha logrado establecerse como una referencia de calidad y innovación en el panorama vitivinícola español e internacional.

Viñedos con las montañas al fondo. Guara-Somontano

La denominación cuenta actualmente con unas 4.200 hectáreas de viñedo y más de 30 bodegas, que producen anualmente cerca de 15 millones de litros de vino. Se elaboran vinos que van desde blancos frescos hasta tintos de guarda, pasando por rosados muy apreciados. El 60% de la producción se destina a la exportación.

Los retos actuales incluyen la adaptación al cambio climático, la sostenibilidad ambiental, la incorporación de nuevas tecnologías y la conquista de nuevos mercados internacionales.

La DO Somontano se ha consolidado como una de las más versátiles y sólidas del norte de España, con una personalidad definida, vinos que expresan el carácter del Pirineo, la mineralidad de la tierra y la pasión de sus gentes.

El vino como parte del paisaje

El vino en el Somontano es más que una actividad económica: es cultura, memoria y paisaje. Desde los romanos hasta hoy, ha sabido integrar la innovación sin perder su alma.

Gracias a pioneros como los Lalanne, al impulso cooperativista y a la creatividad de bodegas como Enate y Viñas del Vero, el Somontano ha pasado de ser una zona desconocida a convertirse en un referente del vino español contemporáneo.

La maravillosa claridad y transparencia del vino blanco

Pero quizá lo más interesante es que, cuando recorremos la región, podemos seguir encontrando las huellas de todas las etapas de esta historia: las pequeñas viñas, las antiguas bodegas de las casas, los viejos lagares, la cooperativa, las grandes bodegas construidas en las últimas décadas y, sobre todo, las hileras de cepas que siguen dibujando el paisaje entre Barbastro, el Vero, la Sierra de Guara y los pueblos del Somontano.

El vino ha cambiado mucho. El paisaje también.

Pero hay algo que permanece: la relación entre el territorio y las personas que lo cultivan. Por eso, conocer nuestro vino es también una forma de conocer el Somontano. Y quizá esa sea la mejor manera de acercarse a una botella de vino de esta tierra: no pensar solamente en lo que contiene, sino en todo lo que hay detrás.

Un país que, entre viñas y montañas, continúa escribiendo su historia.


Salud y Somontano!


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